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Bienvenid@ a Shinobi Sensu. Sé participante de una nueva era de conflictos que azotan el mundo shinobi desde finales de la Cuarta Guerra Ninja. Treinta años han pasado desde entonces y las alianzas ya no existen, mientras que Akatsuki emerge lentamente como la amenaza que fue en el pasado. Escoge tu aldea con cuidado y prepárate a pelear. La gran batalla está cerca...



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Canto de un alma en pena, el quiebre de una promesa.

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Canto de un alma en pena, el quiebre de una promesa.

Mensaje por Kyuketsuki Kuroi el Mar Sep 25, 2012 9:37 pm

Un puñetazo de altura media, escoltó la veloz patada que el joven había asestado sobre aquel tronco muerto a las afueras de Otogakure, y tal fue la magnitud del sonido que el estruendo se hizo audible al menos a cien metros de distancia. Los colmillos asomaron por la comisura de los labios del vampiro quien rápidamente lanzó un gancho con su mano derecha y torneó su cuerpo rápidamente, girando sobre el eje de su pie derecho y a continuación por acción del torque terminar el movimiento circular, lanzando así un golpe reversible que impactó al árbol con su codo izquierdo. Pivoteó nuevamente sobre su eje y quedó nuevamente frente a aquel imaginario enemigo. Levantó su rodilla en un acto reflejo y golpeó con la misma al tronco, movimiento acompañado con su codo derecho que describió una trayectoria ascendente hacia el centro del tronco. – UHHHA – respiró con tanta fuerza que necesitó hacer tronar sus cuerdas vocales en una tonada grave.

La larga cabellera blanca del chico caía húmeda, asemejándose hasta en eso con la espuma de una catarata. La luz que emanaba su enamorada de plata tintaba todo su cuerpo empapado en sudor de un color platinado, casi podía sentir que la luna lo abrazaba. Flexionó sus piernas y posó sus manos sobre sus rodillas al inclinar el dorso de su cuerpo hacia adelante para respirar agitado, manteniendo su cabeza gacha debido a la horrible sensación de sentirse débil.
Había escapado por fortuna del Mizukage en aquella aldea en la que le habían encomendado la misión suicida de escabullirse, y si bien había recaudado mucha información junto con su compañero sobre aquella misión, había comprendido que había shinobis con habilidades fuera de lo imaginable a los que jamás podría hacer frente.
[No seas iluso, ya sabías todo esto. Tu hermana ya había demostrado tener poderes fuera de lo que podrías haber imaginado tanto así, que los esfuerzos que hiciste para impedir que ella se fuera fueron totalmente en vano, solo lograste ganar una paliza. No solo eso, sino que tampoco pudiste vencer nunca a tu compañero de equipo, y no era ningún superdotado] Se excusó a si mismo por su derrota, mientras contemplaba aquel enorme árbol donde solían reunirse antes de las misiones, y cuyas hojas había sacudido el primer día que la conoció, si, a ella, la única mujer que pudo cautivar al vampiro, cuya elegancia ya había podido tentar a más una pero no habían recibido respuesta por parte del vampiro.

No se dio tiempo a si mismo para seguir pensando y se lanzó al suelo, para apoyar sus puños en el suelo a los costados de su cuerpo y flexionándolos al juntar las piernas. Los comenzó a estirar y flexionar velozmente – Uno...Dos…Tres…Cuatro…Cinco…Seis…Siete…Ocho… - Los músculos de sus brazos se marcaban más y más a medida que eran lamidos por las gotas de sudor que le recorrían los brazos. Su espalda se contraía y distendía cada vez que subía y bajaba, haciendo notorios sus músculos aún debajo de los vendajes que tenía en la espalda. Aún podía recordar la mirada desbordada de ira del Mizukage al haberlos descubierto y los problemas que aquello les había traído por el posterior movimiento de su Otokage, podía sentir con cada flexión de sus brazos el impacto de la las ramas de los árboles en su espalda una vez que había sido expedido por la misma fuerza de impacto que el había generado…podía sentir el miedo de ser asesinado corriendo por sus nervios, y los nervios haciendo fallar sus sentidos, presa de la paranoia. – Noventa y seis…noventa y siete…noventa y ocho…noventa y nueve…cien… Detuvo sus flexiones y se puso de pie para comenzar su trayecto hacia una roca cercana sobre la cual yacían sus silbadoras, y una vez alcanzadas las mismas se las ató a sus brazos como siempre las llevaba. Volvió a la zona donde había un descampado y cerró ambas manos con determinación, clavando su mirada en la nada.

Una patada cruzó el aire en sentido diagonal ascendente y una vez que la misma tocó el suelo se impulsó con la pierna de atrás para dar un salto y girar en un eje horizontal. Estiró ambos brazos y cerró sus manos, dejando salir desde sus silbadoras cuatro cuchillas de metal que rebanaron el aire emitiendo uno sonido sordo. Cuando sintió que la fuerza del peso comenzaba a trabajar sobre el, estiró su pierna derecha y cuando terminó uno de los tantos giros su pie tocó tierra, permitiéndole apoyarse en dicha pierna para terminar su acrobacia y quedar de pie. Utilizó la energía cinética provocada por su propia acrobacia para pivotear sobre su eje vertical y estiró su mano izquierda para hacer un corte reversible, el cual fue escoltado por una puñalada con su mano derecha al aire y posteriormente se precipitó a saltar hacia atrás, alejándose al menos tres metros de su antigua posición. Respiró agitado, pero sabía que aquello no podía limitarlo…su propia psicología ya lo había limitado más de una vez en otras oportunidades.
Hizo acto de su asquerosamente fuerte voluntad y saltó hacia el costado para girar en el suelo sobre si mismo y con una asombrosa velocidad y puntería, lanzó cinco kunais hacia un árbol aleatorio, clavando las cinco en una línea vertical y a continuación saltando hacia atrás desde el suelo. Fue entonces que la luna desenmascaró la artimaña de su enamorado haciendo brillar sus hilos ninja en la oscuridad. Los kunais volaron a gran velocidad hacia el joven que tenía los hilos amarrados a sus dedos, este hizo varios movimientos hacia los costados y logró esquivar su propio ataque, comenzando a mover sus manos de forma extraña para obtener como resultado que sus kunais comenzaran a moverse en círculos alrededor de él. Corrió hacia adelante y tomó uno de los cuchillos en el aire, lanzándolo hacia el árbol. Repitió el proceso con cada uno de los kunais haciendo un extraño tipo de ritual o danza. Pero cuando fue a tomar la última de sus armas blancas el dios de la fortuna hizo acto de presencia y el joven terminó por tomar el cuchillo por su extremo filoso, ocacionandose a si mismo un corte poco profundo en la palma de su mano. - ¡Demonios! – Tomó su propia mano y la observó…el líquido carmesí escurría por la totalidad de su brazo, fluyendo cada vez más y más. Lanzó un fuerte puñetazo hacia el árbol y cerró su mano, acumulando una gran cantidad de chakra en su silbadora y tal fue la velocidad del mismo, que un cañón sónico se vio disparado en dirección al árbol, destruyendo los costados del tronco del mismo y por ende haciendo que el mismo cayera al suelo.

Caminó hacia sus cosas y recogió el sobre todo del suelo para cortar un trozo de tela del mismo con su kunai. A continuación se amarró el retazo contra la palma de la mano con la mayor de las fuerzas que pudo. La hemorragia se detuvo al tiempo que la tela adoptaba una coloración borgoña característica de la sangre, lo cual poco parecía afectarle al peliblanco quien llevó su mano sana a su frente y peinó su cabellera hacia atrás a medida que dirigía su vampírica presencia hacia el espejo de agua más cercano. Se detuvo antes de beber agua de la misma y contempló su reflejo sobre el espejo líquido, observó con ojos narcisistas su cuerpo mucho mejor esculpido, mejor entrenado, mejor cuidado, carente de la hambruna que consumía su existencia hora por hora…era un ninja, pero estaba en una excelente condición física. Al menos eso debía aceptarlo.

Pocos minutos pasaron hasta que decidiera volver a la aldea por culpa de su ineptitud para el entrenamiento en aquel momento. No debía haber nadie en la aldea a aquella tarde hora de la noche, por lo que decidió simplemente no vestirse y entrar a la aldea con el torso desnudo. Caminaba con sus silbadoras al hombro, escondidas entre su sobre todo que también llevaba al hombro. Estaba llegando a la puerta de la aldea cuando decidió que las fuerzas no flanqueaban como para dejar de entrenar, fue así, que el vampiro saltó hacia el techo de una casa y a toda la velocidad que pudo comenzó a correr en dirección a dond estaban sus aposentos. Se movía como todo un ninja. Saltaba de tejado en tejado, teniendo incluso en algunas ocaciónes que correr por sobre las cuerdas que unían una casa con otra o saltando desde las chimeneas hasta otra casa, incluso pasando como un fantasma por los balcones de la gente, despertando a los mismos en una horrible pesadilla donde la paranóia los ingería y un ladrón entraba por su ventana a robarles…una escena típica del lugar donde estaban.

– ¡Hey!¡Espera! – tronó una voz en medio de la oscuridad, acción que hizo detener en seco al vampiro, que quedó de cuclillas sobre una chimenea, siendo su contorno enegrecido por la sombra que provocaba la luna llena a espaldas del cuerpo desnudo del muchacho. Clavó sus ojos en quien lo había llamado. Era una muchacha muy bonita de larga cabellera negra y profundos ojos verdes que bajo la caricia de la luna se veían aún más hermosos. – Este…yo…quería…emm…bueno…sabes…podríamos…podrías…invitarme a cenar algún día, ¿No crees que sería buena idea? – El vampiro deboraba la inocencia de las palabras de la muchcha con sus oídos y relamía sus labios al escuchar tan tentadora propuesta.

Dio un salto y calló con extrema elegancia frente a la joven, aún siendo el escondido por las sombras de la casa que estaba sus espaldas. Caminó hacia ella, y en el primer paso que dio, su cuerpo salió completamente de las sombras para dejar que la muchacha contemplara todo su cuerpo y su larga cabellera pegada a su espalda por el sudor del entrenamiento. No dijo ningúna palabra, simplemente se acercó a ella y clavó su mirada añil en la la esmeralda de aquella joven y la tomó por la cadera para pergarse al cuerpo de la mujer de forma suave. Acercó sus labios al cuello de ella y posó sus labos sobre la piel de sabor caramelo de aquella ninfa, para luego subir hasta el oído de la mujer y dejar asomar sus colmillos por la comisura de sus labios. – Señorita, debe tener más cuidado…con quien se mete. – detuvo el corazón de aquella mujer que recién en ese momento entendió que era una polilla en las fauces del más velóz de los murciélagos. En ese instante las manos de la mujer que se envolvían alrededor del cuello del peliblanco se movieron inertes, como si no estuvieran envolviendo a nadie y fue recién entonces que pudo apreciar como el joven que estaba frente a ella se dividía en cientos de murciélagos que volaban en distintas direcciónes para desaparecer entre chirrídos en la oscuridad…a partir de aquel día, la mujer había dejado de lado esas conductas infantiles y se había vuelto una excelente ninja. Había comprendido que había estado cara a cara con uno de los individuos más peligrosos que había en la aldea.

El rostro de su hermana lo había vuelto a visitar aquella noche, podía casi sentir la luz emanada por los ojos repletos de ira cuando se metía en el cuarto de ella y la despertaba para ir a entrenar o a alguna misión. Pero recordaba también los dejes de tristeza de aquella mujer cuando el no la visitaba…¿Por qué se habría ido? ¿Habría sido todo una ilusión en la que ella lo había hecho caer? ¿Algún tipo de sátira de mal gusto dado a que el era un ilusionista?...más triste era el hecho de que no había podido detenerla. El poder de aquella mujer era desorbitante. Bueh, el poder de el tampoco era muy abundante que digamos ya que no había podído ni siquiera superar a Jishin. Pero había algo que lo inquietaba más aún sobre aquella mujer…el siempre había sido un galán, el típico chico malo de la aldea cuya actitud hacía derretirse hasta a la más frígida de las Kunoichi, pero aún así, nunca había podido cautivar el corazón salvaje de la peliblanca.

Las dudas perforaban el pecho del vampiro a la misma velocidad que el intervalo de tiempo entre los pasos de los ladrones que corrían sobre su tejado, escapando de sus perseguidores. El chico, que yacía acostado en la cama con una pierna semiflexioanda y su mano izquierda detrás de su nuca apuntando el codo hacia el techo, se acomodó en ese momento y utilizó su mano derecha para acomodar un mechón de cabello blanco que cruzaba su frente. Estaba harto de aquella situación, por lo que se puso de pie en pocos instantes y se vistió con su remera negra de licra, acto seguido la adornó con el sobre todo y se ató las silbadoras al brazo. Esto terminaba ahora.

– Hola…¿Hay alguien?...alguien…alguien…en…en…- se escuchaba el exo de sus pasos dentro de aquella oscura cueva, la cual se iba alumbrando a medida que el peliblanco se internaba con su antorcha en la mano izquierda. Alumbraba las paredes a sus costados y de vez en cuando debía agachar la cabeza de golpe para que ninguno de los murciélagos que slían despedidos hacia las afueras de la cueva lo impactase. El camino se hacía cada vez más y más estrecho, hasta que pronto debía ponerse de perfíl para poder seguir avanzando, y de un momento a otro, llegó a un espacio circular de a menos cien metros de diámetro y unos cincuenta de alto. No estbaa seguro del espacio que ocupaba aquella cueva, por ello, comenzó a caminar contra la pared y no caer en ningún pozo. Pronto, encontraría algo que le llamaría la atención; un hueco con el dibujo de una anotorcha sobre el. Por pura curiosidad metió la punta incendiada de su atorcha al huevo y dio un salto hacia atrás al escuchar un ruido fugaz. En el entero diámetro de la semi esfera de campo en el que se encontraba, se prendió una línea de fuego que al parecer estaba alimentada por un combustible que lo mantenía encendído y que iluminaba la totalidad del cuarto. – Eco…eco…ooo…ooo… - comprobó que aún hubiese eco en aquel lugar, y aquello le fue totalmente efectivo.

Dejó unas pocas provisiónes en el suelo y caminó sin apuro hacia el centro de aquella esfera, cerrando sus ojos y respirando hondo. Tomó la ocarina azabache que yacía colgada de su cuello y comenzó a entonar una melodía. Las notas no demoraron en invadir la totalidad del lugar, pero más aún era efectiva la estrategia de aquel vampiro. El eco que probocaba la cueva hacía que se auto indujera en un genjutsu a si mismo. Su objetivo era claro; enfrentarse a sus miedos. Pronto dejó de tocar la ocarina y abrió sus ojos, para llevarse la sopresa de que seguía en aquella cueva y nada había sucedído, sin embargo, seguía escuchando la melodía que efectuaba el mismo. Esto le dejó llevar a cabo una obvia conclusión: Estaba dentro de su propio Genjutsu.

– Mizukage-Sama – En el momento que escuchó esa voz, el vampiro se giró con prisa, pero en el instante que lo hizo encontró a la figura de aquel hombre grande y raudo, que yacía quieto con los sellos de mano. Un poderoso rugido causó estruendo en aquel salón, y un dragón de agua abrió su boca con ira a medida que su amo seguía inmovil en el lugar. Los ojos del vampiro se abrieron de par a par cuando el dragón de agua embistió contra el, y fueron en vano los intentos de huír puesto a que antes de siquiera poder reaccionar a lo que estaba por venir, ya había sido alcanzado por aquella inmensa masa de agua que lo arrojó hacia una de las paredes y lo dejó estático en aquel lugar, sintiendo por todo su cuerpo los punzantes dolores de aquel golpe y del impacto contra la piedra. Su “pequeño” dolor duraría poco, ya que segundos luego el aire de sus pulmones se iría bruscamente al sentir el puñetazo abdominal que aquella persona le propinó. Calló de rodillas al suelo mientras intentaba tomar aire, pero su pecho parecía no querer responderle. – Siempre eres igual de débil…nunca aprendes… - exclamó aquella persona con desprecio y acto seguido propinó un fuerte golpe en el rostro del vampiro, que lo hizo salir propulsado un par de metros de distancia de su punto inicial.

[Es cierto...siempre me rindo…siempre me han vencído sin problemas…pero…ese Kuroi está muerto…murió con ella…¡Es tiempo de ponerse de pie!] Se puso de pie y con dificultad y dedicó una sonrisa sarcástica al Mizukage. De forma abrupta, comenzó a correr en dirección al Mizukage manteniendo sus brazos frente a el y su pecho inclinado hacia el costado. Aquella persona que le hacía frente al peliblanco rió y comenzó a hacer sellos de manos a una velocidad admirable, para hacer salir en aquel instante una descena de látigos de agua que se dirigieron hacia el joven que venía en carrera. Izquierda, derecha con torsión de hombros, salto, abajo…a medida que se acercaban iba esquivando cada uno de los látigos con veloces movimientos en distintas direcciónes hasta llegar al fin a la posición de su enemigo.

Un nuevo estruendo adornó por completo la habitación donde se encontraban, pero esta vez era el tronar del rostro del mizukage contra el puño decidido del peliblanco. Aquel golpe no vino solo, sino que fue acompañado por un reversible con el dorso de su mano derecha al girar sobre su propio eje, nuevamente alcanzando el rostro del Mizukage. Fue a terminar el ataque con una parada de rotación de trescientos sesenta grados, pero fue bloqueado por el codo del opositor logrando así porovocar un punzante dolor en la tibia del vampiro. A continuación el mizukage golpeó con un gancho el rostro del peliblanco y continuó con un upercut que fue evadido por el rubio al dar un paso hacia atrás. Una vez dado el paso hacia atrás, propinó una patada frontal al abdomen del mizukage y acestado el golpe saltó hacia adelante para chocar sus dos puños a des tiempo contra el rostro del impactado hombre. Los golpes alcanzaron su objetivo, pero haciendo alarde de su resistencia, debolvió el golpe con un fuerte golpe al rostro del vampiro quien perdió el equilibrio, cayendo semi noqueado al suelo.

Levantó su mirada, con su labio inferior sangrando y un pequeño corte sobre su ojo derecho, pero a diferencia de otras ocaciones de su vida, esta vez la mirada estaba llena de desprecio. Los pasos del reconocido kage tronaron en toda la sala a medida que se acercaba haciendo sellos de manos y casi al instante, tres dragones de agua se arremolinaban a su alrededor, dandole una imagen completamente aterradora. No dijo palabra ni sentenció al peliblanco de ninguna forma…simplemente estiró sus manos y los tres dragones se dirigieron hacia él, haciendolo desaparecer de la vista durante unos segundos…increíble, era la única palabra que podía utilizarse para describir la magnitúd del poder de aquella persona.

Sin embargo, pocos segundos pasaron hasta que las cuchillas afiladas del rubio lamieron la carne del hombre por su espalda, siendo aquel capaz de ver el otro extremo de las mismas asomarse entre sus costillas…las contó a cada una de ellas, seis en total. El vampiro se encontraba sonriendo detrás de el. Había esquivado aquel ultimo puñetazo, pero movió sus dedos para meterlo en un genjutsu y que cayese en la ilusión de haberlo esquivado…ahora, moriría de seguro. Un movimiento por demás espectacular.
El mizukage balbuceó unos intentos de palabras antes de que el shinobi de otogakure retirase el metal de su ceurpo y viese como la vida de aquel se desbanecía en el suelo, escapandose su alma del contenedor…pudo recién entonces notar que la ocarína seguía sonando.

– Bravo…estuviste espectacular…pero no se si estarás al nivel aún de lo que está por venir…toma esto…como una prueba. O si quieres más motivación, tomalo como que si no la pasas…mueres. Jajajajaja Que empiece la función. – sentenció una voz que parecía disfrutar lo que estaba sucediendo, sin embargo, no fue una voz conocída para aquel peliblanco y fue eso lo que más lo impactó. De todas formas, fue poco el tiempo que tuvo para razonar lo que estaba sucediendo, ya que un estruendoso paso fue dado dentro de la sala en la que se encontraba. [¿¡PERO QUÉ CARAJOS?!...A juzgar por el sonido de los pasos que se avecinan y de la frecuencia con la que los da…esa cosa…lo que sea que los produce…es algo sólido de más de dos metros.] lamentablemente para aquel chico, su razonamiento no había estado del todo errado. Frente a el, se alzó un gigante de tres metros que esgrimaba una enorme espada. Aquel demonio elevó su espada por sobre su cabeza y gillotinó el suelo con la misma, dandole apenas tiempo al agitado joven de saltar a un costado y girar por el suelo, evitando aquel ataque. La espada se trancó en las hendiduras que causó en el suelo, pero la logró levantar con facilidad, como quien saca un cuchillo de la manteca. Giró su rostro con lentitud y lanzó un corte horizontal hacia el vampiro, quien saltó hacia atrás y a continuación para el costado para esquivar el corte descendente que había efectuado después. Continuó con una ágil patada que terminó por impactar al vampiro y hacerlo volar al menos cinco metros hacia adelante, para acompañar el movimiento con un salto y otro corte descendente. Abrió sus ojos añiles con brusquedad y comenzó a girar hacia los costados para evitar el segundo corte que se dirigía hacia él. El vampiro volvió en si y entendió que era momento de atacar, por lo que una vez que aquel demonio levantó su espada y dio otro corte descendente, el vampiro se puso de pie y corrió hacia él, dio un salto hacia el costado para evadir el corte y a continuación saltó, incrustando las cuchillas de sus silbadoras en el pecho de aquella criatura.
Las muñecas del vampiro de doblaron y todo su cuerpo impactó contra el de aquel ser que sin dar lugar a reacción, levantó su rodilla y acestó un fuerte rodillazo al vampiro, que acompañó con un manotazo descendente que hizo impactar el cuerpo del shinobi contra el suelo. El vampiro giró sobre si mismo para quedar boca arriba y vio como aquella mole de metal levantaba su pie para darle un último pizotón. Fue un impulso de adrenalina lo que llevó al peliblanco a levantar sus manos y formular una cadena de sellos de manos, y la terminó justo cuando el pie se encontraba en dirección al suelo. Una explosión de chirridos se hizo audíble cuando el pie estaba a menos de medio metro de caer sobre el suelo, y el golpe del pie contra el suelo fue custodiado por cientos de murciélagos que volaban en distintas direcciónes a medida que el demonio comenzaba a lanzar cortes en todas direcciónes.

El peliblanco se materializó frente a aquella bestia y lo observó de forma desafiante a los ojos. El shinobi yacía con todo su rostro sangrando, desparramando aquel líquido carmesí de la vida por todo el campo de batalla. Sabía exactamente que hacer. La bestia oscura tronó con locura y corrió hacia el vampiro para volver a lanzar cortes con su espada. Izquierda, atrás, izquierda, derecha, atrás, iba esquivando cada uno de los cortes descendentes con veloces saltos. Pronto el vampiro dio un salto más grande hacia atrás para esquivar un corte horizontal, y en ese momento la bestia oscura saltó para dar un último corte descendente…el plan del vampiro había sido un éxito. A pocos centímetros de su rostro, yacía la espada detenída ya que su fílo se encontraba totalmente dentro de la pared. Fue así como el peliblanco saltó hacia aquel y sin compasión algúna clavó el filo de sus cuchillas en cada uno de los ojos de aquella criatura. La criatura comenzó a dar pasos hacia atrás y terminó por hacerse con el vampiro, a quien lanzó con fuerza hacia una de las paredes…pero el estruendo del cuerpo contra la pared, si bien fuerte, no había sido suficiente como para ahogar el grito desesperado de aquella bestia que en el centro del campo de batalla se tapaba el rostro.

Un nuevo tronar pudo ser escuchado dentro de aquella sala, pero esta vez, era con una frecuencia muchísimo mayor que la que tenía aquel gigantezco espadachín. El rubio, en un acto de desesperación, lanzó un kunai hacia el techo y a este le ató anteriormente un hilo ninja, de tal forma que pudo saltar y colgarse de dicho hilo a unos tres metros de altura, justo a tiempo como para ver pasar a un enorme fauno correr y estrellarse contra la pared. Quedó anonadado por aquella situación. Un gigantezco espadachín que se retorcía de dolor y un fauno que corría sin sentído por cada uno de los lados del recinto. El peliblanco bajó al suelo, pero fue enseguida advertido por el fauno que, al verlo, comenzó a golpear sus pezuñas contra el suelo y a resoplar de una forma amenazante. El gigante, yacía en el mismo lugar que antes, con su espada en la mano y su otra mano en su rostro. Fue entonces que una idea se le cruzó por la cabeza al shinobi. Tomó con dolor su ocarína y comenzó a soplar, entonando una melodía llamatíva. El fauno comenzó a correr a gran velocidad hacia el, y sus etruendosos pasos eran audibles en todo el salón, pero fue entones que la patada de aquella masa de metal oscura se interpuso en el camino del hombre bestia y lo hizo volar hasta impactar contra la pared. El estruendo atrajo de todas formas a la bestia ciega, que parecía ignorar el sonido de la ocarína, y como si fuese una sentencia divina, bajó sus manos con ira, para atravezar de esa forma la carne de aquella bestia y consigo, arrancarle uno de los preciados brazos al animal. No se detuvo ahí, sino que casi al instante volvió a arremeter contra el fauno y cortó el último brazo que le quedaba, desproporcionando al animal de brazos. Tal habrá sido el dolor para aquella criatúra, que se puso de pie de un impulso y cabeceó a su oponente, haciendo caer al ciego al suelo y segado por la ira arremetió contra el vampiro. Este último dejó de tocar su ocarína casi al instante y se preparó para lo que venía. [Espera…espera…espera…¡AHORA!] Saltó con extrema presición el peli blanco, llegando hasta la cabeza de aquel animal que al instante se comenzó a agitar en todas direcciónes. El peliblanco se quitó el sobre todo y saltó hacia la espalda de la criatura mientras sostenía las mangas de su sobre todo, oscureciendo totalmente su visión. Colgando de la espalda del demonio, ató el sobre todo con fuerza y a continuación lo soltó, dejandolo totalmente ciego.

Se quedó en silencio, contemplando a los demonios que estaban a su alrededor, no podía creer lo que había logrado hacer, realmente había vencído a aquellos demonios. – Te has hecho fuerte en este tiempo, hermano. ¿Pero eres lo suficientemente fuerte como para vencerme a mi? Le heló aquel timbre vocal. Lo conocía, lo conocía a la perfección y era uno de sus mayores miedos. La vio, con su cabello largo y blanco, de profundos ojos borgoña. No podía creer que de verdad fuera ella. Se acercó al shinobi con lentitud y una sonrisa sarcástica reflejada en su rostro. - ¡VETE! ¡NO TE ACERQUES! – tronó casi perdiendo el uso de la cordura, pero la mujer seguía su caminar como si poco le importase la petición del peliblanco. - ¿Crees a caso que no te atacaré si te acercas?...¿Qué crees que haces aquí?...¡VETE HE DICHO! – continuó inquiriendo el vampiro, pero las respuestas seguían siendo nulas por parte de aquella mujer que pronto, se encontraba a dos metros de el. - ¿Y de verdad piensas que te temo?...¡NO SEAS IDIOTA!...Sábes que no eres rival para mi. – acompañó la afirmación con una risa, característica de aquella mujer. Los colmillos asomaron más que nunca por la comisuta de los labios del vampiro, y este a su vez corrió hacia ella con gran velocidad. No fue necesario más que un movimiento de manos para que el viento generado por unas misteriosas corrientes lo hicieran volar en una dirección distinta y revolcarse por el suelo. Sin embargo, auqella vez no se quedaría tirado. Ni bien su cuerpo impactó contra el sedimento, apoyó su mano y sin haber terminado siquiera su movimiento por el suelo se puso de pie. Corrió nuevamente contra aquella mujer, que nuevamente movió sus manos par hacerlo volar hacia donde ella quería…o eso pensaba ella. - ¡AHHH!!! – gritó de dolor el vampiro, aunque con una extraña risa en el rostro, como si de verdad quisiera haber gritado de esa forma. Ni bien se logró poner de pie saltó hacia un costado, y de las espaldas de la mujer, apareció el fauno que impactó contra ella y posteriormente impactó la pared con ella. El fauno se paró enseguida y corrió en otra dirección, pero cuando la mujer fue a levantarse de su tumba, un pisotón proinado por aquella bestia metálica gigantezca la hizo volver al lugar en donde se encontraba sepultada.

El gigantezco de metal se vio de pronto suspendído en el aire y fue lanzado contra el fauno. Ambos, impactaron contra el suelo y no volvieron a moverse. La ira en la mirada de la joven, era lo único que podía apreciar de ella entre la nube de polvo que se levantaba. Fue extremadamente fugaz el moviento de aquella mujer, que tal vez impulsada por el aire que ella misma creaba apareció frente al rubio y lo golpeó en el rostro. Este impactó contra la pared cercana y cuando revotó contra la misma, fue asestado en el una patada con la pierna izquierda de la mujer. El peliblanco se encontaba totalmente deshecho en el suelo, simplemente logró ponerse de rodillas y observar la sobervia imagen de la mujer acercarse hacia él.

- ¿Por…qué…haces esto?...yo…te amaba… susurró el joven que parecía totlamente inmerso en aquella realidad. La mujer no decía palabra alguna a medida que se acercaba a el y desenfundaba un kunai. – Yo…no merezco esto…hice todo por ti… - balvuceaba con dificultad debido a su increíble número de heridas, pero seguía manteniendo una mirada llena de cariño en sus ojos. No entendía que estaba sucediendo, únicamente, que estaba a punto de morir. - ¿Cuál es tu último deseo, Vampirito? – sentenció la mujer mientras observaba el cuerpo casi inerte del chico. El chico levantó su rostro y una lágrima lamió su rostro, mezclandose con la sangre fresca y seca de sus golpeado rostro. – Quiero sentir tus brazos alrededor de mi cuerpo, una vez más, antes de morir…concedeme esa última voluntad. – La mujer sonrió, tal vez cautiva por el pateticismo que emanaba la petición de aquel hombre, pero como todo código de honor inquiere, se arrodilló y envolvió la totalidad del cuerpo del peliblanco con sus brazos. Este último disfrutó del abrazo durante breves instatnes y con ternura la separó por los hombros, para mirarla a los ojos. – Solo quiero decirte algo antes de que todo suceda…Nomu jamás atacaba sin intención de matar- y dicha esta oración, llevó su mano derecha al rostro de la mujer y asestó una puñalada al rostro de la misma, penetrando sus ojos con las afiladas garras de metal. Acontinuación, hizo un sello de manos y se des hizo en cientos de murciélagos, para reaparecer a varios metros de distancia. Sabía que aquellas criaturas parecían ser inmortales, pero fue sorprendente cuando aquel que tenía la forma de nomu se transformó lentamente en otro demonio, mucho más chico a los otros que el había derrotado, pero parecía extremadamente veloz.

– Te felicito…has estado excelente. Jamás pensé que alguien tuviese tal talento para mentir. – se escucharon unos pasos acercarse desde la oscuridad, a medida que cientos de murciélagos lo iban componiendo. Aquel hombre, un poco más alto que kuroi, tenía una cabellera tan larga como la de el, pero una piel de color porcelana oscuro, adornada por unos profundos ojos amarillos que penetraban la piel de cualquiera que estuviese cerca de él. - ¿Quién eres?... – inquitió el vampiro, pero nada lo preparaba para la respuesta que estaba a punto de recibir. - ¿Qué a caso no reconoces a los dioses a los que rindes culto? Mi nombre es Arkay, dios de la muerte y oscuridad, y he venido hoy aquí a revelarme ante ti. dijo a medida que el fuego de la pared se tornaba azul y comenzaba a desplzarse de forma extraña, describiendo símbolos que ni el propio Kuroi era capaz de entender. Pero lo que si entendía, es que ese ser realmente era una divinidad. – Ohhh, Arkay, padre divino. musitó el peliblanco a medida que clavaba las rodillas en el suelo y agachaba su cabeza en señal de extremo respeto ante aquel que se le presentaba. – Ponte de pie, Kuroi. He venido aquí en esta noche a revelarte tu destino…tu destino, es también el mío. Hay un pacto entre los dioses, se llama el pacto de las cinco montañas, y en este, se dictamina que nosotros no podemos interferir en sus planes, no podemos siquiera mirarles… - explicó el dios, lo que golpeó como una estaca el corazón de aquel joven creyente. ¿Si sus dioses no lo miraban ,para que les rendía todo aquel culto?...¿A caso, era todo una mentira?... – Pero no estoy dispuesto a seguir con esto. He venido aquí para pedirte que me convoques al mundo. Para ello, necesito que me entregues al Nibi, el cerbero de la oscuridad, y yo apareceré…tomaré posesión de tu cuerpo y volveré a la vida. Porque nosotros, somos uno, Kuroi, eres un dios, al igual que yo. - habló el dios y observó a Kuroi, haciendole ponerse de pie. Llevó su mano hacia atrás y señaló a los demonios que yacían en el suelo. – Hoy has demostrado que has vencido tus miedos, así que de aquí en más, ellos serán tus ciervos…y yo, tu angel negro guardián. – explicó el demonio y a continuación tocó el brazo de Kuroi. Aquel toque quemó al joven con un dolor de tal magnitud que jamás había sentido algo parecido en toda su vida. – Ahora, es hora de despertar. – sentenció Arkay a medida que su visión se veía borrosa, y casi como si no pudiese creerlo, allí se encontraba el, parado en medio de aquel enorme salón, tocando su ocarina. Llevó su mano a su frente y notó que esta no estaba herída. Dejó de tocar. Todo había sido un sueño.

Sintió un punzante dolor entonces en el brazo izquierdo, y se quitó su sobre todo para observar una aterradora sorpresa; En su brazo, yacían unos símbolos similares a los que se encontraban en la pared, pero tatuados. Los contempló durante un momento sin poder creer lo que le estaba sucediendo, pero justo en ese momento, sintió una puntada de dolor y logró apreciar como aquellos tatuajes se movían lentamente sobre la piel de su brazo, en dirección a su hombro, pero se detuvieron centímetros después. No había sido un sueño, a fin de cuentas.

Pronto, una fuerte llamarada iluminó un altar en una de las puntas de la sala, lo que dio a entender al peliblanco que fuera hacia ahí, como si estuviese cautivado por aquel fuego azul que yacía todo a su alrededor. Caminó sin prisa hasta que por fin llegó a lo que quería encontrar, había un pergamino sobre un enorme altar. La etiqueta del pergamino decía: Murciélagos, para Kuroi; AK….

El peliblanco abrió el pergamino con curiosidad y encontró para su sorpresa, que había un lugar donde aparentemente debía firmar. El joven, mordió su dedo índice y escribió sus iniciales con sangre sobre aquel pergamino de al menos un metro y medio que a continuación colocaría de forma horizontal sobre su espalda. Caminó a paso lento, sentía mucho dolor por todo su cuerpo, como si realmente le hubiesen dado una paliza todos aquellas criaturas que anteriormente relataron, pero así, finalmente llegó hasta la salida de aquel lugar. Decidió que afuera, donde había más luz, sería el lugar perfecto para examinar mejor aún lo que decía el pergamino. Una vez abierto, logró comprender que aquel parecía ser un pergamino de invocación...¿Un regalo de Arkay? Mordió su dedo nuevamente y a continuación pasó el mismo por sobre el pergamino y siguiendo las instrucciones, apoyó el mismo sobre el suelo luego de una marcada serie de sellos de manos y golpeó el suelo con fuerza.

Una nube de humo se hizo presente, y de la misma emergió un gigantesco murciélago de al menos dos metros de alto o algo por el estilo, que lo observaba con curiosidad. Parecía una criatura amable y por demás servicial. Fue por ello que comenzó a caminar al rededor de el y pareció entender el uso que podía darle a aquel animal, recién cuando este extendió sus alas. Una vez extendidas, comprendió que podría subirse sobre el, y ese fue el paso siguiente. Se paró sobre el lomo de aquel enorme murciélago, y sin esperarselo aquel dio un fuerte aletazo y se elevó en el cielo con elegancia, comenzando a elevar cada vez más y más la altura. Simplemente, majestuoso. La risa del peliblanco se encontraba ahogada en júbilo, a medida que el murciélago sobrevolaba la aldea. Faltaban dos días para el examen chunnin, y este, se sentía más positivo que nunca.
Pasaría aquel examen chunnin, aquello era una certeza, pero no solo eso...cumpliría también con los acometidos de Arkay, el único dios que rompía el pacto de las cinco montañas.


Spoiler:
Bueno, conté 360 líneas, lo que significa seis puntos de stats. :DDD
Aparte mencioné lo del pacto de invocación, así que me saco eso de arriba también. xDDD
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Re: Canto de un alma en pena, el quiebre de una promesa.

Mensaje por Sindel el Mar Sep 25, 2012 9:56 pm

ACETAÍTO. LOS STÁ' SON BUENO PA TÍ, PA TÚ CUERPO. PA TÓ'.
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