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Bienvenid@ a Shinobi Sensu. Sé participante de una nueva era de conflictos que azotan el mundo shinobi desde finales de la Cuarta Guerra Ninja. Treinta años han pasado desde entonces y las alianzas ya no existen, mientras que Akatsuki emerge lentamente como la amenaza que fue en el pasado. Escoge tu aldea con cuidado y prepárate a pelear. La gran batalla está cerca...



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Blessings of Sheogorath

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Blessings of Sheogorath

Mensaje por Akuma No Nemuri el Dom Ene 06, 2013 7:42 pm




Tras pasar el cementerio, en la muerte de una cueva, el demonio en cuyos ojos se refleja el averno se internó en la oscuridad. Una tenue luz se hizo presente en la renegrida noche, una suave brisa inundó la gruta.

– ¡Sheogorath! –
cantó su voz en la tragedia de una noche sin estrellas, cubiertas ahora por el humo infernal cernido por aquella montaña iridiscente. – ¡¡Engendro desgraciado, no te escondas!!– su voz hizo eco en las paredes de la cueva abandonada, oculta en una de las montañas de la periferia. Había llegado con la necesidad de pedir explicaciones. No había tardado en darse cuenta las ventajas y desventajas que los planes del infernal Dios arrastraban. Consecuencias que él había, indecentemente, preferido no mencionar. – ¡No sé qué parte de APARECE no has entendido, infame bazofia! – una suave figura luminosa se presentó frente a ella. Tomaba forma lentamente, como si disfrutara tardar en materializarse. – ¿Por qué tanto escándalo, señorita? – clamó su impertinencia, ignorando a propósito los temas que ella vendría a debatir. – ¿Escándalo? No seas payaso, ¡que aquí el único que ha disparado un circo has sido sólo y sólo tú! – rugió el demonio frente a la eminencia divina, quien no parecía tener intenciones de preocuparse. Acomodaba su cabello mientras divagaba por una respuesta, y al final clamó – Si… obvié contarte un par de consecuencias sobre el volcán pero por lo visto ya las has solventado… ¿Cuál es la queja ahora? – exigió solemne, como si sus preguntas lo ofendieran sin necesidad alguna.

– No me vengas con rodeos sobre el tema, que ya bien conozco tus vueltas con lujo de detalles –
sentenció la cruel voz del rencor, clavando su espada en la cárdena alfombra de tierra. – No sé que esperas que te diga – clamó fastidiado el Dios de la demencia, obviando la cólera descomunal que aquella aberración de cabellos negros emanaba. – En fin, ¿cuándo me la darás como ofrenda? – inquirió el Dios inquieto, señalando la monstruosa espada. La joven no parecía interesarse más por la molestia en la que se había convertido, no se molestó en contestarle y se marchó. – ¡¡¡Era nuestro trato!!! Yo lo traía hacia aquí, tu lo veías… ¡¡¡Si no has sido capaz de matarlo ya no es mi problema!!! – una fuerte ráfaga de viento golpeó el lugar, y ante la ira del Dios ella clamó – ¿Trato? ¿Por qué no me comentas del trato que tenías con El Cuervo? Te crees tan inteligente… ¿Crees que no puedo ver más allá de tus ocurrencias? No me importa que quieras esta espada, está bajo MI posesión. Te vas a tener que esforzar un poquito más si piensas que voy a regalártela y facilitarte la cuestión. – bufó, emprendiendo su ida. – Ahora sé para qué quieres al Dämonenjager, sé que quieres de mí y sé que quieres de esta aldea. ¿No deberías cuidar un poco más tu información, Sheogorath? – Desafió la joven, mientras quitaba un libro de su bolsa – O… ¿Cómo debería llamarte? ¿Jyggalag? – Le arrojó el libro – Pérfido bastardo –

– ¿Y tú quién te crees que eres para hablarle así al Dios de la Insania? –
orgulloso clamó, interrumpiendo su retirada.

– Who do you think I am? A mere little girl who craves for her lover? – defying, she asked. – I am the rage, I am the wrath, I have the power to erase your silly existence. Mine is the power to take you down. Remember you are still here only by my will. You can do favours only because of my prayers, only because of my power. And this is not what I asked for. Since this is a clear proof of your incompetence, I guess I have to pray to another God? It seems you are going to be confined again to a boring realm without any fun nor treat? Confined as a sick man, as the useless Madman you are. – She was leaving the room smiling, triumphant, because her cards were on the table, the moves she had made condemned his answers.
– Oh and you shall not count the days down again, the gates will be closed for eternity. – Her words fell as frost on him – she had the power enough to break the bounds between the worlds...
– I guess I can still make you a few favours… – he said, not giving up his pride.


La joven había entendido la impertinencia del Dios. Tiempo atrás, cuando El Cuervo y sus acompañantes se embarcaron en la búsqueda por la joven, éste invoco a Sheogorath para dar fin a la interminable búsqueda. No era el Dios de preferencia para tales cosas, pero era el único que al clan le prestaba servicios. Nadie lo llamaba… sólo como última instancia.
Con la ayuda del demente pudieron encontrarla… ¿pero cómo harían para convencerla de abandonar el lugar? “Simple” – dijo Sheogorath. El Dios engañó a un alma perdida del lugar para intentar asesinar a la joven. También engañó al Cuervo, quién mintió a la joven diciéndole que aquel que había querido matarla había sido “un joven de blancos cabellos”. Cuando el mejor amigo del demonio, Kuroi, apareció, El Cuervo inmediatamente mintió diciendo haber reconocido al sicario. Una mentira impulsada por el Dios de la demencia, sin duda alguna. “Será que la aldea cree que eres una amenaza” – habló la voz de Sheogorath a través del Cuervo, convenciéndola de abandonar su hogar.
Años después, cuando la joven se convirtió en Genin en su aldea, le concedieron el honor de poseer la espada más poderosa del clan entero. “Der Dämonenjager”. Un espadón demencialmente pesado, ornado en demoníacas formas. Su padre no estaba convencido de dejar a su hija tener semejante amenaza en su posesión, pero las voces del clan clamaron que la joven era suficientemente poderosa como para portarla. “De hecho, ha de ser la única a quién la espada no rechaza” – susurraron las voces de los ancianos. Nômu ahora era la legítima dueña de la espada que poseía una de las más grandes tretas hechas por los Dioses. El espíritu encerrado de Jyggalag moraba en ese recóndito lugar del universo, soñando en los brazos del Cazador de Demonios.






Llegó apresurado, obviando puertas y entrando por una ventana de los aposentos de su padre – una mansión desolada en la esquina norte de la aldea. Lo sorprendió tomando una siesta. No tuvo necesidad de despertarlo, el hombre estaba tan alerta despierto como dormido. – ¡¡¡¿¿¿Una invasión???!!! ¡¡¿¿Una guerra??!! – Clamó mientras saltaba del sillón – Ninguna – contestó el demonio de blancos cabellos, conteniendo la risa. – ¿Entonces? – Preguntó volviendo a su lugar – ¿Qué razones encuentras para interrumpir mi siesta? – inquirió molesto, volviendo a sentarse en su trono. La cancelación de un jutsu hizo teñir su cabello de negro y convertirse en una pomposa adolescente. Una mujer de suaves facciones, pero con la expresión de una bestia… casi como si estuviese tatuada en su rostro. – Sobre mi regreso a Kumogakure, hace casi cinco años – se acomodó en una esquina, sentada en el oscuro roble que cubría el suelo, dejando su espada frente a ella. – Asumo que hay un par de cosas que no me habéis contado – la seria mirada del hombre se clavó en los suaves ojos carmesí de la chica – Posiblemente… – suspiró y cerró los ojos, mientras se relajaba en su sillón. – Empieza a contar – ordenó la mujer, sin un mínimo atisbo de amabilidad. – Dudo que lo que te diga sea una sorpresa para ti, ya pareces estar bastante enterada de lo ocurrido, mi dulce demonio. La situación era la siguiente: Ni bien se presentó la oportunidad, enviamos a tres shinobis en tu búsqueda, con la excusa de que estábamos buscando a la hija del “Swordsman” – el líder del clan, cuya hija se había perdido en la misma tormenta infernal que tu. Yo fui quién envió a tres hombres tras de ti. El Cuervo, de nuestra misma rama y un par de buenos hombres del Byakudō. Todos sabíamos que la hija del líder había muerto – sólo él renegaba la idea. De cualquier manera, los enviamos en su búsqueda, sólo que cambiamos el objetivo por ti. Ambos integrantes del Byakudō estaban de acuerdo con la resolución, por lo que nadie presentó quejas. Tras años de viajes, te encontraron en una aldea a las afueras de Otogakure, peleando con un extraño ladrón. Ellos no buscaban al vándalo, pero no encontraron mejor manera de presentarte la idea. Mintieron al decir que lo buscaban a él, quién sabe porque. – Hizo una pausa, para buscar un par de papeles y acomodarlos en otro lado, luego volvió a retomar la historia – Sé que mientras viajaban tu le jugaste varias bromas a los shinobis, como varios henges, transformándote en ellos. Lo cual fue bastante oportuno, no se notaba el constante flujo de chakra cuando realizabas uno… parecía que tenías las habilidades de Ninjutsu llevadas a un nivel bastante… fino por así decirlo. No podía realizar centenares de jutsus, pero mantenerlos ocultos parecía ser una especialidad. Nadie que no tuviera algún Doujutsu podría notarlo. Por ello, nos ahorramos teñir tu cabello… – soltó una carcajada, y tras ello continuó – el problema era que la hija del Espadachín, si bien era parecida a ti, tenía el cabello claro. No por nada te dijeron que blanco te sentaba mejor… En fin. El resto asumo que lo conoces. – concluyó, dejando a la joven con una mirada de desconfianza. – ¿Y la parte de las espadas? – inquirió, como si él se hubiera estado olvidando algo esencial en la historia. – Y… no te podría decir mucho. Las espadas van de generación en generación en manos del clan Hinoiri. La tuya no la había blandido antes nadie que recordemos… Tú sabes, ese rumor de que está poseída por alguna alma estrafalaria en la que nadie confía. – Ella lo interrumpió – ¿Razón suficiente para que se la den a un “fuerte” shinobi de la rama del Byakudō? – Farfulló, mientras el hombre intentaba armar sus explicaciones – Bueno… no es tan así. La cuestión de las espadas te la comentaré después. La cuestión es que los de la rama principal te pidieron utilizar una apariencia de hombre para tener más reconocimiento por parte del pueblo. Esa parte seguro la sabes... y desp– – ella volvió a interrumpirlo – No me cambies el tema. – Exigió – Te pregunté cómo es el trato o contrato que tienen con estas espadas y aquel que las ha creado – bramó, sabiendo que le ocultaría algún dato. – No sé que quieres que te diga… Esas espadas son parte de la tradición y… –

– ¿Crees que me comeré el cuentito de tradición? Tú que eres parte del consejo, uno de los miembros con más renombre dentro del clan Hinoiri ¡¿me querrías hacer creer que no tenéis relación alguna con Sheogorath?! – ante su condena, el hombre enmudeció. No volvió a pronunciar otra palabra. Cansada de su mutismo, el demonio destrozó el silencio con la furia de su voz. – No sé cual es el propósito de esconder quién ha creado las espadas a tu mismísimo Kage – sentenció, poniéndose de pie y tomando su espada – tarde o temprano yo conocería su destino, su propósito y su origen. Habría preferido que la historia me la contaras tú… pero pareces ser incapaz de hacerlo. ¿Qué tanto tenías que esconderme de las Mokushiroku, las espadas infernales del clan? Lamento informarte que ahora sé cada secreto, todos y cada uno de ellos. Lástima que no los escuché de tu boca, sino del mismísimo Sheogorath. – los ojos del hombre se habían abierto de par en par. El asombro lo había inundado, y atónito, esperó las palabras de la joven.

– No sé por qué no te lo han dicho – clamó el Dios demente, pululando por la cueva – las espadas de su clan las he forjado yo – suspiró – bueno, algo así como que las he forjado yo. No hacen falta detalles. Yo se las he facilitado a tu clan desde tiempos inmemoriales. Claro, las cabecillas de las ramas han dicho que un famoso ermitaño herrero las forja, pfft. – rio y luego continuó – Claro que había sido yo, aunque decir que uno de los Dioses más poderosos se las había dado no era algo que se considere prudente. Y si te lo preguntas, si, se las he dado para ver en qué infierno se convertía esta aldea. Todas y cada una – no sólo la tuya – poseen almas de antiguos guerreros, de poderosos hombres y, quizá algún par, esencias de los mismos Dioses. El problema es que por esta injusticia que yo estaba cometiendo con los mortales, el resto del inútil panteón condenó a una parte de mí a ser sellada en una de esas espadas… Por desgracia, la tuya. Esa parte poderosa que tenía, ¡que molestos! En fin, he dejado todas esas almas selladas en las espadas por pura diversión. Ha sido fantástico ver cómo los más extraños shinobis de tu clan huían despavoridos y abandonaban sus espadas cuando por fin el alma se manifestaba. ¡¡¡Ha sido toda una pasada!!! – el comentaba alegre, flotando por el lugar, mientras ella hacía caso omiso de su jovialidad. Con tanta charla, parecía que el Dios había tomado cariño con la joven. – El punto es que ése es el trato que ellos mantienen conmigo. Yo les doy espadas increíbles y ellos me dan una cuota de diversión constante. ¿A que no es una buena idea? – El silencio de la joven le hizo entender su opinión – No seas aburrida. – Entonces ella habló – Por ello entonces quieres mi espada, para recuperar lo que te falta – parecía que le escupía las palabras, despreciando sus planes. – No, no, no, la idea es que tú la liberes y tú te quedes con ese poder, ¿no sería un show fantástico? – el hombre parecía encubrir sus intenciones delirando… pero, todo lo dicho le había hecho comprender a la joven cómo eran todos esos detalles extraños que los libros… aparecidos por arte de magia en su despacho... relataban como un cuento de hadas.

Sheogorath, el poco conocido Dios de la demencia, antes era llamado Jyggalag, Dios del orden y la justicia. Éste era adorado fervientemente por el clan de la joven, y por ello él les había regalado tan preciados tesoros de armas. En un principio las almas estaban confinadas a las espadas, como si brindaran apoyo a los shinobis. Se encontraban ocultas, dormidas en ellas. Hasta que, algunas decenas de años antes, el resto de los Dioses vieron a Jyggalag como una amenaza. Era demasiado poderoso, y la legión de mortales que lo adoraban era demasiado numerosa. Confinaron su esencia a una espada endemoniada, llamada “Der Dämonenjager”, dejando lo que restaba de él convertido en un hombre desquiciado, sin mucha influencia en el mundo. Condenado a ser todo lo que nunca había sido, contrario a sus creencias. No lo habían podido eliminar completamente, pero ese castigo había sido suficiente justicia para los Dioses. Ahora Sheogorath buscaba volver a ser el poderoso Dios que antes había sido, liberando su esencia de la espada, para convertir en el nuevo Dios de la demencia a su portador.
– No te servirá la jugada, Sheogorath – pensó, sabiendo perfectamente cómo obrar para quedarse ella con su poder…
La espada ya había decidido el destino de su fortaleza.


– En fin, mi querido padre –
clamó el demonio – no hay necesidad de que ocultes los secretos del clan a tu hija. De haber algún otro detallecito… deberías contármelo. – Emprendió su ida, no sin antes decirle – Detallecitos como que el Cuervo tenía una especie de contrato con Sheogorath para encontrarme. Lástima que tuvo que mentirme para traerme hasta aquí, diciéndome que mi mejor amigo en aquella aldea había intentado matarme. Que clase de imbécil confía en un Dios demente… –

Dicho esto, se marchó, hundiéndose en la oscuridad de la aldea.






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Blessings of Sheogorath – Part II

Mensaje por Akuma No Nemuri el Jue Ene 17, 2013 7:15 pm

Blessings of Sheogorath – Part II





As fire birds flashed in the dead of night
The shattered shadow cried softly,
While the wind trembled in fear,
Scattering the last hope,
Moaning deep inside
The empty heart carved in glass.


A lonely nightmare awakened,
As the gloom forced her to walk.
“Didn’t the clatter of a storm wake you up?”
Didn’t the anxiety dismay your thoughts?
Didn’t the light of dawn faded away with him,
Didn’t the delight of every dreamy morning disappeared with him?
Didn’t all the lies, didn’t all the secrets
Disappeared in that night?
They did. But he was gone with them.
The fragile soul walked away from her as the plots were shattered.
Was she bound to lose him? – It was a lament, a song made of wind and fire purred by a storm.


She hurried to find the entrance of the gloomy cave

– "I will cross the seas, confront the wilderness,
Defeat the goddess of fate.
He will seek for me in despair;
He is bound to remain by my side."


The conspiracy plotted by her insanity was already taking form,
The figure of a colossus, tainted in crimson sorrow.


– “Pierce the night!

Pierce the sky with both hands!

Let the blood cover your skin,

Let the blood infect your bones!

Wrap the heavens in rotten fog!

Dawn a bright new night

Over a helpless land

Craft the newborn stars

That PIERCE THE NIGHT!!!

E nella mia ora più buia [and in my darkest hour]

Loro splenderanno [they will shine]

Per me [for me]

All'infinito [forever]” –



Never again would she trust. Never again would she be deceived.
He was the safety, her relief. Her arms would always be his shelter.
Soon all the years of pain would have come to an end.


She stood away from hopelessness. Two steps from hell away. The grieving wind welcomed her breath, soaked in delight.

– "Sheogorath" – the voice of darkness creaked the silence.
– "Blessed is the wrath" – A god stood proud in front of the huntress. The Madgod, stained in crimson sorrow. Condemned to her power. His enlightenment, sunken in shades.
– "Beware of all what your eyes cannot see" –

– "My wisdom is dubious, but not my will." –






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