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Bienvenid@ a Shinobi Sensu. Sé participante de una nueva era de conflictos que azotan el mundo shinobi desde finales de la Cuarta Guerra Ninja. Treinta años han pasado desde entonces y las alianzas ya no existen, mientras que Akatsuki emerge lentamente como la amenaza que fue en el pasado. Escoge tu aldea con cuidado y prepárate a pelear. La gran batalla está cerca...



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【Hora de Entrenar • Día 1】

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【Hora de Entrenar • Día 1】

Mensaje por ~Cath el Vie Dic 28, 2012 12:42 am

» Día 1; 7:40am
Zona Residencial
Otogakure no Sato

La calma dominaba a Otogakure. El silencio, la paz... la tranquilidad. Por suerte esta madrugada no tendría que preocuparme de mucho, más que de mi misma obviamente y de descansar como era debido. Pero había algo que interrumpiría por completo todo aquel hermoso momento, y obviamente... todo esto gracias a mi padre; —¡Catherine!- exclamó mi padre. Yo ni una sola palabra mencioné, prefería dormir. Me encontraba toda despatarrada en la cama, con una delgada sábana cubriendo mi esbelto y bien formado cuerpo. No quería moverme de ese lugar, era demasiado temprano, seguramente tendría la cara hinchada de tanto dormir, pero bueno... así era la vida de una Kunoichi, tener que levantarse temprano, y acostarse tarde casi todo el tiempo.

Ngh...- gruñí a modo de contestación, aunque posiblemente él no había escuchado aquello. Hubiera preferido que si, ya que se empezaron a escuchar los pasos de él resonar por todo el suelo, subiendo la escalera ya que mi dormitorio básicamente era la alcoba superior, la única habitación del segundo piso de la casa; —¡Oh, Catherine!~- volvió a gritar, pero esta vez inclusive con un tono de voz ladino. Se podía notar ya a la distancia de que no venía con buenas intenciones, o que al menos, me quería joder el momento de dormir que tan amablemente había consolidado la noche anterior. Yo no respondí en un solo momento, prefería quedarme callada antes que soltarle algún insulto. Además de que él había educado a su hija como toda una señorita, cordial y amable... y en cambio él era todo lo contrario, no mucho menos se podía considerar el ejemplo de la palabra "educación", malditos padres... pretenden lo mejor para sus hijos pero no predican con el claro ejemplo de lo que se debe hacer BIEN.

Dio varios golpes suaves a la puerta, para luego abrirla lentamente, con cuidado, como queriendo no hacer demasiado ruido. —"Cacho de cabrón, grita como si lo estuvieran violando, y ahora tiene cuidado de no hacer mucho ruido con la puerta..."- pensé, retorciéndome un poco en la cama, como haciendo notar que no me levantaría en absoluto, o que al menos, no tenía nada de ganas de hacer aquello. Él, por su lado, soltó un suspiro bastante profundo, se sacó una de sus sandalias, y me la lanzó directamente, con muy buena puntería a la cabeza. Impactó con un sonoro "DONK~" potente. Moví mi cuerpo de tal forma que parecía estar teniendo un ataque de epilepsia, y luego me puse las manos en la nuca, soltando pequeños "Ittai~" rápidos y entrecortados, sobándome la zona golpeada de mi cabeza, que específicamente había sido la nuca, como si no jodiera que me gritara, también me golpeaba, maldito cabrón; —Papá, ¿¡qué carajos quieres!?- pregunté soltando aquel grito mientras cubría mi cuerpo con la sábana, al final de cuentas me gustaba dormir sin nada arriba, y con un culote blanco de encaje.

Hoy es el gran día, hija...- comentó él. Me le quedé mirando algo extrañada, ya que no comprendí de primera a lo que se refería. Me crucé de piernas sobre la cama como "indio", y frotándome los ojos con el dorso de mi zurda, solté un profundo bostezo, moviendo mi cabeza hacia mi padre a modo de preguntar "¿Eh, a qué te refieres?" ya conocíamos nuestros gestos a la perfección como para que él supiera que las palabras a veces sobraban, o daba pereza pronunciarlas a estas horas de la mañana. —Hoy es el primer día en el cual entrarás en un entrenamiento intensivo conmigo, tu padre... te enseñaré todo lo que se de Kenjutsu, al menos lo que puedo enseñarte siendo tu, una joven Genin.- respondía él. Tardé un poco en caer, pero al final de cuentas solamente me recosté sin ganas en la cama, balbuceando algo, posiblemente como que no jodiera o algo por el estilo. Me convertí directamente en un bicho bola. Mi padre, ofuscado en entrenarme, me tiró la otra sandalia, aunque esta impactó contra una de mis nalgas. La cual sobé de una forma rápida y soltando un pequeño gemido a modo de quejido adolorido, retorciéndome sobre la cama.

¡Ya voy, ya voy! ... Joder, insistente que eres.- bufé levantándome de la cama, cubriendo mi cuerpo obviamente aún con aquella sábana, o más bien mis senos por lo menos. Lo empujé con una mano para que saliera de la habitación, y de inmediato cerré la puerta detrás de él, de un nalgazo; Me dirigí hacia el baño, lavándome de la cara y dándome una pequeña ducha. Suspiré pesadamente y luego de unos minutos salí, me sequé la cabellera, até en una coleta de caballo detrás de mi cabeza, y luego me vestí. Tardé aproximadamente unos 20 minutos, pero al final de cuentas terminé saliendo del sitio. Mi padre ya me estaba esperando, me dio una taza de café y luego salimos, con destino hacia la Zona de Entrenamiento.


» Día 1; 7:57am
Zona de Entrenamientos
Otogakure no Sato

Llegamos a una de las tantas zonas de entrenamiento de la aldea. Estaba un poco más espabilada que antes por lo menos, así que sería capaz de atender un poco mejor a las palabras que mi padre tuviera que decirme en ese momento. —Cathy, sabes bien que nosotros, especialistas en Kenjutsu, siempre tenemos a una compañera con nosotros, inclusive yo tengo la mía... una compañera que nos acompaña toda la vida, y te enseñaré a forjar la tuya propia.- comentaba en un tono orgulloso, mientras tanto yo me le quedaba mirando con los brazos cruzados por debajo de mis senos. Le dediqué una mirada cansina, esperando que prosiguiera con sus palabras, soltando un pequeño bufido a modo de cansera y aburrimiento, ya quería que terminara con toda su palabrería barata para poder comenzar a entrenar de una jodida vez, ya inclusive podría estar durmiendo tranquilamente si no fuera por culpa de mi jodido padre y sus decisiones de sacarme a estas cómodas horas para entrenar.

Bueno, apura el paso, quiero saber qué es lo que tienes tramado.- comenté con el mínimo de educación posible dedicada a mi padre. Me había criado para protegerme y que no me sucediera nunca lo que pasó con mi madre, pero... en el transcurso de ese tiempo también había sido un jodido cabrón, aceptaba que gracias a él ahora era la chica hecha y derecha que ahora soy, pero también ahora estoy sola por su culpa; Él me indicó que le siguiera, llevándome a una fragua, además de que había un yunque y también un balde de hierro lleno de agua, posiblemente para enfriar o mejor dicho templar el metal. —¿Y esto qué es?- pregunté bastante extrañada, ya que de por si conocía qué era de por si, pero no para qué servía. Siempre había crecido teniendo la piedra de afilar conmigo a todo momento y no mucho más, aunque había visto a mi padre hacer algunas armas para sus compañeros y la aldea en si.

Es una fragua, hija... y te dejaré usarla esta vez, o mejor dicho... DEBES usarla.— respondió él, sonriendo aún de aquella forma bastante confiada de si mismo. Arqueé una ceja y me acerqué a ese pequeño puesto de trabajo. El calor era abrasador, sofocante cuanto más se acercaba uno al fuego, a aquellas brasas al rojo vivo. Algunas chispas salían volando de un lado al otro cuando mi padre le echaba aire al fuego, para avivar las llamas. Aquello me recordaba a mi infancia, y si no fuera por la incomodidad que sentía en ese momento me habría salido una lágrima y una pequeña sonrisa se habría presentado en mi rostro. Renegué un poco con la cabeza y fue cuando noté que mi padre me mostraba dos trozos gruesos de un extraño material, parecía ser un metal resistente y macizo.

Forja tu arma, hija... lo tienes en tu sangre, lo llevas en tus memorias genéticas, aplica todo lo que te enseñamos desde pequeña.- decía mi padre, inclusive notándose un poco deprimido, posiblemente porque echaba de menos tanto como yo a mi madre. Tanto ella, como él... me habían enseñado todo lo que se del Kenjutsu, inclusive quizás un poco más. Me acerqué gradualmente a la fragua, con cierto temor en mis manos. Vi de soslayo unos guantes de cuero grueso, seguramente para no quemarme en el progreso de hacer aquellas armas. Suspiré pesadamente, y de un segundo al otro sentí que mi padre me colocaba un delantal, del mismo material que los guantes. Estaba preparada... o al menos me sentía así; Comencé tomando una de las varas de hierro, había unas cuantas pero empecé con una. La calenté, empecé a martillar, se sentía bien... se sentía como si hubiera nacido para ello, y bueno... si, era cierto, lo tenía en mi sangre. Este sería el comienzo del final, una pelea que perdíamos desde que nacemos, llamada "vida".

•Ocho horas después•

Estaba sudando que ya no daba más, ya había terminado una de las espadas, y ya estaba a punto de terminar la segunda. Ambas hermosas, con un diseño de sierra, un color negro en toda su extensión, unas empuñaduras que tenían la capacidad de unirse entre sí para formar una especie de lanza de doble filo. Eran una completa hermosura. Solamente faltaba darles el filo. Mi padre me presentó la rueda de afilar, por lo que poniendo atención, primero lo hizo una sola vez él, y luego lo hice yo. Tuve sumo cuidado, lo hice con lentitud, con pasión, casi como si estuviera sosteniendo a mis hijas en manos, quien sabe... quizás estaba exagerando, pero lo sentía así.

Bueno... ya está, creo.- comenté a mi padre algo insegura, de por si no me sentía demasiado convencida con el resultado, no por el hecho de que estuviera mal, sino que le faltaba algo, un toque personal, algo que fuera sumamente mío. Fue entonces cuando a una de ellas, le até el adorno en forma de flor que mi madre me había regalado de niña, Inclusive sentí como si el filo de ambas armas reluciera de una manera estrepitosa y cegadora. Entrecerré un poco los ojos y me levanté luego de sacarme los guantes y el delantal de cuero, comencé a mover un tanto las espadas, ¿como les podría llamar? Inclusive mi padre me preguntó qué nombre les pondría. Pensé un momento, para luego simplemente sonreír de medio labio, dedicándole una mirada de soslayo melancólica a mi padre, mientras me ponía frente a un maniquí, levantando mis brazos lentamente, y con ellos, mis espadas gemelas. —Kyasarin no Kurushimi... ese será el nombre de mis compañeras.- susurré para luego arrugar el entrecejo notablemente, cortando el cuello de un segundo al otro de aquel maniquí.

Comencé a correr hacia la derecha, decapitando cada uno de aquellos maniquíes hechos de heno, cabezas rodarían, literalmente. Me sentía como si estuviera flotando literalmente. Aquellos conocimientos heredados luego de tantos años de práctica, esas memorias genéticas, todo cuadraba. Era una Di Oderschvank, y no podía ni debía dejarme vencer así como así; Luego de haber decapitado cada uno de los maniquíes, mi padre se acercó a mi, lanzándome un par de fundas para mis espadas. Si, me las había hecho en estos minutos que yo me había tomado para cortar las cabezas, que eran alrededor de unos diez. Si, es un hombre bastante habilidoso, aquellas fundas eran de cuero, simples... con unas aperturas para que las sierras no cortaran la tela. Arrugué un poco el entrecejo y fue cuando me dijo: —Venga, vamos a casa... luego ya podrás entrenar un poco más, tengo un pequeño pergamino que te entregaré mañana.- dijo mi padre. Yo asentí con la cabeza, colocando aquellas espadas en sus fundas y cargándolas conmigo. Me retiré junto a mi padre, algo cansada, o mejor dicho, agotada por todo lo que habíamos tenido que hacer, o al menos yo... Debía descansar, había sido un día largo, muy largo a decir verdad, me merecía un descanso, pero al menos ya no estaba sola... tenía a mis armas... pero quedaba un largo camino por recorrer aún.
Técnicas Aprendidas:
Dōro no gensoku : Este es un privilegio único de los especialistas en esta habilidad. Sus bastos conocimientos de las armas están tallados en su sangre y su sistema nervioso, permitiéndoles desde tempranas edades la capacidad innata de forjar un arma que los acompañará por el resto de su vida. A su vez, esta arma evolucionará junto con ellos a lo largo de los años, permitiéndole en este rango, forjar su espada con una habilidad cual fuese que el usuario decida. Esta técnica debe ser posteada en el apartado de “creación de armas” donde dice habilidad.

Ninpo, Kanri kanpeki: El usuario adquiere una gran velocidad en lo que a manejo de armas se refiere, permitiéndole generar cortes con sus armas más rápidos, los cuales serán difícilmente bloqueados por alguien cuyo stat en velocidad sea al menos cuatro puntos menor al del usuario.
Apariencia de las Armas:





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