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Bienvenid@ a Shinobi Sensu. Sé participante de una nueva era de conflictos que azotan el mundo shinobi desde finales de la Cuarta Guerra Ninja. Treinta años han pasado desde entonces y las alianzas ya no existen, mientras que Akatsuki emerge lentamente como la amenaza que fue en el pasado. Escoge tu aldea con cuidado y prepárate a pelear. La gran batalla está cerca...



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Se levanta el telón

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Se levanta el telón

Mensaje por Ryo el Sáb Nov 17, 2012 4:07 am

Quietud. El silencio es una constante en la sala, solo perturbado por el murmullo casual de alguno de los asistentes, acomodados en sus butacas buscan viejos conocidos y sonríen, dejando caer algún que otro comentario silente, aquel espectáculo se había orquestado con toda la pompa y lujo, la mayoría se conocían en aquel auditorio, otros creían hacerlo, otros, los que habían llegado mas tarde, miraban nerviosos a su alrededor, sin sabe ni comprender, pero aquello no era importante, pronto se adaptarían.

Las luces cayeron, y los focos se mantuvieron enfocando el terciopelo rojo que como cascada permanecía frente a ellos. Pasaron uno, dos minutos, los murmullos se intensificaron, y la expectación había llegado a el momento justo en el que la espera da paso al ansia en forma de impaciencia, y entonces el acorde sonó, sosegado el velo se corrió ante ellos, elevándose como una nube roja de sangre, el telón se había levantado. Las miradas se centraron y el silencio cayó dando paso a la armonía musical reinante.

El escenario carecía de decorado, no había adorno alguno, y el cableado podía discernirse tras la única efigie que ahora acaparaba toda la atención del publico. Sentado, no sobre una de las agradables y mullidas butacas, sino en una silla de madera, la pierna izquierda se había cruzado sobre la derecha y su contra parte superior en forma de brazo descansaba con el codo mas allá del respaldo, en una posición inclinada hacia atrás y pese a ello con la cabeza caída hacia delante, completamente oculta tras un sombrero de copa.

Aquel tipo era extraño, inmóvil, vestido de traje negro, inclusive la camisa, solo la corbata de un rojo carmesí que recordaba a la sangre vertida recientemente le otorgaba algo de color, una ropa formal, una postura no obstante desenfadada. Los que habían tenido la suerte de quedar en primera fila pudieron apreciar mas detalles que los que quedaban atrás, el sombrero tapaba el rostro por su inclinación, pero los labios quedaban expuestos en una media sonrisa, torva y de aviesas intenciones.

El tono de luz descendió lentamente, de forma soporífera, no hubo movimiento en el escenario, donde los sepias empezaban a tomar forma hasta quedar en una penumbra disforme que deformaba la única imagen que tenían presente, difuminándola, haciéndola menos apreciable. No tardo de nuevo en producirse el crechendo de los murmullos cuando la música finalizó su sonata y hubieran pasado apenas unos segundos. Entonces, lo esperado ocurrió.

El movimiento de cabeza, ladeando de lado a lado, hizo que los murmullos fueran decreciendo hasta silenciarse, la atención era del sombrerero, que con un largo suspiro, desplegó la pierna que descansaba en su rodilla, dejándola en el suelo justo en la planta del pie, al lado de su homónima, el brazo de descolgó del respaldo de la anodina silla y los codos fueron a parar a las rodillas, quedando así inclinado hacia delante, el rostro todavía gacho, inclinado hacia delante, no dejaba verse en la penumbra. No obstante, giró de un lado a otro, como si el que ellos no vieran sus ojos no fuera impedimenta para que él los viera a todos ellas.

El movimiento de la cabeza en aquel escudriño ciego fue lento y pausado antes de que perezosamente se levantara con una mano llevada a el halo del sombrero inclinara hacia delante. Algún curioso agachó el cuerpo en un acto reflejo entre el publico, sobre todo en las primeras filas, tratando de ver que había bajo el sombrero una vez el hombre quedó erguido. Debía tener la veintena o poco mas, y una barba de días adornaba sus mejillas de forma proporcionada, poco mas se pudo adivinar a parte de aquella doliente sonrisa.

- Mucho gusto.

La voz pilló a mas de uno desprevenido, y aún mas que se retirara el sombrero dejando expuesto el objeto de la ignominia del publico. Era joven, al menos para el mundo, la mirada parecía divertida, como si hubiera sido contado un chiste secreto, y aquella ladina sonrisa persistía ante todos mientras se inclinaba, con la media melena bailando oscura como el azabache, a juego con los ojos que pese a su mono-tono, no carecían de expresividad.

Tras aquel saludo, e inclinación hizo girar en su mano el sombrero mientras volvía a levantar el torso, devolviéndolo a su cabeza, ligeramente torcido, ahora si, mirando al publico mientras guardaba una de sus manos en el bolsillo. Los miró a los ojos, y realmente pareció que los viera mas que mirarlos, como si con una sola mirada se creara una complicidad. Llegado el momento, en mitad de una de estas cerró los ojos y ahogó una carcajada antes de mirar de medio lado a un rincón, apartando la vista de todos.

- Creo que ya he dicho demasiado.

Con esta frase, bajó las escaleras del atril sin prisa alguna, ante una confusión generalizada, se sentó en un asiento vacío en primera fila, dedicando un guiño a la mujer de un espectador anónimo que tenía sentado a su lado, provocando un primer azoramiento y incurriendo en una primera ira que jamás se desató. La música volvió y los actores salieron a escena mientras el decorado era arrastrado al fondo. La atención ahora estaba con el espectáculo, pero aquel hombre miró a los espectadores divertido, haciéndo brotar en su mente una pregunta inevitable.

. . .

. . .

. . .

"¿Cuantos lo habrán entendido?"

Ryo
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